domingo, 8 de diciembre de 2013

delirios en la ducha

Si nos pillaran

Me encanta que me quites granos de la espalda
aunque te diga que no.
Ya que es claro indcativo
de que tenemos la casa para nosotros solos
durante tiempo indefinido
para dejar libre a nuestro amor.

La frontera que se abre es inmensa,
y ahora fría
mi mente piensa
que si alguien nos escuchara
pensaría que estamos mal de la cabeza
y nos encerrarían en prisión.

Suerte que en esos momentos
para ti y para mí
solo existimos tú y yo.
Pero tu habitación no es una cámara insonorizada
y tus gritos no se ahogan con los muelles de tu colchón...

¿Y si tus padres llegaran
antes de la hora señalada
y nos pillaran en plena acción,
cómo explicaríamos
entre la histeria sembrada
que es vida lo que corre por nuestras venas
y no religión?

Si consiguiera oírles abrir la puerta
antes de que entraran
me escondería debajo de la cama.
Pero mucho me temo que del trayecto desde la entrada a tu cama
no cesaría mi respiración exagerada y entrecortada
y nos veríamos en la misma situación...
Y aunque por un instante mi respiración parara
y siguiera oculto bajo la cama
tu figura
con las sábanas hasta la barbilla tapada
y tus mejillas sonrojadas
nos delatarían como el topo de la prisión.

Y es que me has hecho tan grande
que no tengo donde esconderme.
E irresistible se vuelve nuestra condición,
demasiado limitada,
y en exceso juzgada.
Así que viendo el panorama
y sin ir la cosa a mejor,
he decidido independizarme de todo
menos de tu corazón.

Dejándose de metáforas y,
sabiendo el riesgo y su resolución,
aunque cinco minutos faltaran
para la hora señalada
y me dices que te apetece un último con tu mirada,
con solo puesta mi camiseta,
siendo conscientes de que perderemos esta apuesta
¿Quién te diría que no?